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Dulce cotidianidad

Maryluz, Petrona o Maria, su nombre puede ser cualquiera de esos, no se cual, quien sabe, de pronto se llama Marcela, Laura o Susana o algún nombre con más pedigree. Lleva un arrume de periódicos, lo pasea sobre su cabeza y grita fuerte, con energía “el heraldo, el heraldo” se mueve con cadencia y los periódicos se mantienen en su cabeza sin perder el equilibrio, al parecer ella estaba predestinada para gritar “alegría, cocada, caballito” pero la única alegría que ha vivido es tener un trabajo que le permite dar de comer a los 3 hijos y al marido buenavida que la esperan con hambre en casa.

Los muñecos son feos, “el” tiene camiseta del Junior de Barranquilla, tan oportuna hoy, “ella” camiseta sin marcas, pelo morado y falda que muestra todos sus encantos. El que los maneja los mueve con destreza, tira de cada madera con precisión y hace que uno y otro bailen al ritmo que el les toca. Bailan una puya, un merengue y un joropo, bailan reggeton, vallenato y salsa, bailan como enamorados inocentes y como amantes desenfrenados. Son marionetas, la vida se las da un bacán, gafas negras, colita de caballo y labia prodigiosa. ¿porqué no darle una moneda?.

El día sigue, ella se monta al bus como la reina, una reina sin tesoros ni tierras, su bolso, el teléfono que lleva en la mano, su estudiado maquillaje, sus tetas operadas, su todo marca presencia. Todos la miran, ella quiere que la miren. Camina hasta el fondo del bus y se sienta mostrando pierna, planeando cada movimiento, cada pierna pidiendo permiso a la otra. Que habrá en su cabeza, qué pensará del tipo que el viernes le agarrará todo por unas vueltas en un carro último modelo y unos cuantos billetes de veinte mil pesos.

La noche cae, el recoge cartones, su organización es extrema, el carro de balineras en que los traslada se percibe más pesado que sus propios pesares, lo empuja con paciencia, nadie lo espera, se tropieza con un hueco y se sale la “rueda”, mira al cielo, yo, en la otra acera, espero que suelte una maldición, un par de asteriscos, signos de interrogación, varias letras del abecedario repetidas y demás maricadas que usa uno cuando quiere decir otra cosa políticamente poco correcta, como si el supiera lo que es eso; pero no, simplemente suspira, parece sonreír… Es cierto, cuando el pobre lava llueve.

La cotidianidad sabe a perfume barato y a mierda fina, a pequeñas alegrías y grandes tristezas, a lucha y tranquilidad, a lejos y cerca, a dulce simplicidad y salada complicación.

Sigo caminando y me sigue sonando en la cabeza…

Si te preguntan como se sube decile que muchos se han perdido para ir al cielo creo que no hay camino, nosotros dos iremos en una nube…

5 sentidos: Vista

Casi siempre cada día empieza con algunas imágenes estandard: un mirada entrecerrada a un techo blanco, blanco, la pantalla del celular que brilla, baldosas color marrón opaco…

Hoy es festivo, las imágenes cambian, en la cama la ropa espera ser guardada en la maleta, me asomo a la ventana y se ve el árbol de cayena y las flores recientes moviéndose al ritmo de la brisa. El citófono suena mi pana se queja, ah no eso es otra cosa, llega el puertaapuerta por mi. La samaria me espera.

Entro al reducido transporte,  dos mujeres mayores conversan, una niña linda, preciosa, habla por celular, un tipo duerme a pierna suelta, un par de niños gritan y me miran con cara de pocos amigos, me siento delante.

Imágenes del camino, carretera, vendedores de rosquitas, almojábanas, bebidas, la ciénaga grande en todo su esplendor, pasa algún pelícano y una garza se atraviesa obligando al conductor a esquivarla. Tropezamos Ciénaga, pueblo caliente y poco agraciado con sus vendedores de pescado y camarones, con sus mototaxis y sus olores.

Se ve, al fin el mar samario, en la Drumond un par de grúas descarga carbón sin parar. Llego a mi apto desempaco y salgo al balcón, veo el mar, motos acuáticas, desde mi mirada alta y reservada diviso a un grupo de cachacos rumbo a su paraíso, el mar caribe.

Tarde de charlas varias con Chivi, la piscina me pica el ojo pero tanta brisa me impide disfrutar de un baño, no me impide disfrutar de las dos morenas en bikini que aparecen rodeadas de coloridos pareos y dos novios de repuesto. Miro y admiro el cielo, está opaco, cae el poco sol en un atardecer majestuoso, colorido, inesperado.

Me subo a una buseta, rumbo al centro samario, en el camino se para el tráfico por un gran accidente, una moto contra un gran camión, pelea de tigre con burro amarrado, la moto queda irreconocible.

Llego a la casa, saludo a mis abuelos, pese a ser un día festivo veo las mismas imágenes de siempre de mi cuadra de infancia, el vendedor de minutos a celular, el peluquero que camina con movimientos descarados para simular una feminidad inexistente, el puesto de perros calientes co Jimmy y su parsimonia, los bebedores de cerveza sentados jugando un domino en donde Borinque, gente paseando en bicicleta y un perro que caga en frente de mi casa.

Veo llegar a amigos y amigas, caminamos rumbo al centro histórico, la calles están llenas de gente con sus mejores galas, llegamos a la entrada de la discoteca, unas grandes luces de neón me ciegan, un niño hambriento, descalzo, sucio, triste, a la espera de un milagro nos pide plata que le permita comprar un poco más de esa droga que lo hará VER lo que quiere VER.

Cuerpos sudando, danzando, tomando, besando, sintiendo, se sube un barman a la barra y hace un juego de luces con fuego y gas de una botella, sonrisas de todos, la música lleva el ritmo de las imágenes ¿o será al revés?.

Las imágenes nos buscan, nosotros escaneamos el día a día en simples pedazos visuales, nos encontramos el contexto de cada día dividido en fragmentos visuales que disfrutamos u odiamos, sentimos, vivimos, observamos, vemos.

Terminamos, cansados, con la luna encima, la imagen final son tres niñas, falda a la moda y  belleza matadora en tremenda borrachera,  me viene a la mente Carlos Vives…

Que tiene la noche cósmica virtud
Que envuelve mi cuerpo de una mágica inquietud
Que tiene la gente que tiene este lugar
Que tiene mi negra que no la puedo olvidar
Tiene en sus amores propiedades milagrosas y una miradita
Que me antoja deliciosa, tiene en la cumbiamba una cadencia misteriosa
Y una cancioncita que se vuelve pegajosa
Que tiene la noche que  alos hombres enloquece
Unos labios rojos esperando que los besen
Que tienen  los hombres después en la mañanita
Un amor que sueña desojando margaritas…

5 sentidos: Oído

No es tan temprano, son las 7 am, suena un despertador, un vals todo extraño que tienen los teléfonos Motorola y que es el más decente que he encontrado para despertar sin sobresalto. Afuera se escuchan carros que  pasan y un voceador que grita El Heraldo, El Heraldo para hoy martes.

La ducha emite su sonido característico, toca un baño concienzudo que quite impurezas y limpie ideas, suena el spray del desodorante, una correa se cae al suelo, el abanico no para de lanzar aire mientras suena lentamente, un pájaro se posa en la ventana e intenta emitir un sonido, débil, muy débil.

Entro a la cocina, la lavadora emite un extraño pitido que todavía no he logrado desactivar, lavo dos platos de la noche anterior, me gusta el sonido del agua al correr sobre la loza. Un minuto de cocción y suena el microondas, tropiezo un vaso, crash, crash, suena al romperse.

Suena el citófono, me buscan, las llaves suenan clink clink, la reja al cerrarse hace un estruendo, se oye el grito de la bebé de mi vecina, en otro apartamento se oye un regaño, pelao del carajo levántate, bajo corriendo, no sea y me regañen a mi.

En el taxi la conversación es la de siempre, que más, que hay de vainas, nada la misma vuelta de siempre. El aire acondicionado ayuda a empezar bien el día, en la radio suena Jorge Cura, mejor, alguno de los comediantes que siempre lleva a su programa, el chófer se ríe, yo me río con el, el día empieza con sonido de risas.

Entro a mi oficina, suena la alarma, bip bip bip bip, combinación correcta, hace un gran estruendo al desactivarse. Enciendo el aire acondicionado de mi oficina y el de el resto del canal, brrruuummmm arrancan los dos. Me siento en la silla, suena, necesita aceite. Enciendo el PC, marco clave, bip bip bip bip, clave correcta, somos una sociedad de claves correctas pienso, miro la pantalla, abro el correo, 6 mensajes, una alarma, abro la intranet de la universidad cero mensajes, abro el resto de webs de revisión diaria, cada una hace un ruido distinto. Me acerco a la sala de emisión del canal, enciendo los televisores, los monitores y la consola de mezclas, cada uno con un sonido característico, cada uno con ganas de contar, prendo el dvd y en el la torta de esta semana me reclama que le suba al sonido. Dejo todo en stand by a la espera que los ayudantes se encarguen de lanzar todo al aire.

¿Qué más profe?, se oye la primera voz, ¿le puedo contar algo?, dime, suena un celular, regáleme un minuto profe, ya vuelvo, ok. Es la primera de muchas entradas y salidas a lo largo del día. Suena el teléfono. ¿Con pedrito de los palotes?. No, oficina equivocada. Empezamos bien.

Mañana intensa, mucho trabajo, preparar clase, redactar un par de propuestas, el teclado suena y suena, como imitar el sonido de unas teclas, clic clic clic clic. Tres interrupciones más y opto por cerrar la puerta de mi oficina de puertas abiertas.

Mediodia. A casa a almorzar, mismo sonido de microondas, la licuadora procesa un gran jugo de lulo, el vaso suena al contacto con el hielo. Comida rapida, tenedores sonando.

Camino por la calle de vuelta a la universidad, un hombre “maneja” su carro’e mula, arre, arre, le grita y me acuerdo del caballo chovengo de la canción, arre, arre, vuelve y grita y el animal, terco, suspicaz,  se queda quieto, como burlándose de su dueño.

Viene un taxi Dacia, de esos largos, se queda varado a media calle, hace un estruendo aterrador, a ese motor le falta poco para salir en átomos volando, pasa un moto taxista y le grita: échale guineoooo.

En el bus rumbo a la universidad el cántico es el de siempre, uno le vale 200 y tres le valen 500 para su mayor economía. los huecos hacen que cada brinco suene todo el chasis. Yo cierro los ojos y espero llegar pronto, al menos llegar.

Retomo labores, pa’ clase, durante 3 horas no oigo ningún otro ruido sino mi voz, convencido, ya quisiera yo, los alumnos hablan una y otra vez, a veces por mis preguntas, a veces por jodidos que son,  a veces porque si, a veces porque no. Suena la película, hoy es F for Fake de Orson Welles. Siguiente parada, rally videografico por la universidad, la clase es distinta, fuera del salón, así que los ruidos que escucho, además de las preguntas de los alumnos, son los característicos de la cotidianidad de la Uninorte, gente, mucha gente, pasos, vasos en el CAI, gente que entra y sale, puertas que se cierran y se abren, gritos, muchos gritos, alguno pasa corriendo y casi me tropieza.

Fin de la jornada, camino por las calles, pasa el carro de la basura a mi lado armando un gran estruendo llego a casa, subo escaleras, clink clink suenan las llaves. Abro la puerta, el portero me dice que vinieron los de la luz, a bonita hora pienso yo y subo pausadamente los cuatro pisos que me separan del ruido final. Prendo luces, enciendo la TV, una película empieza, caliento algo de comida y me dispongo a escuchar, a sentir lo que tienen que contarme. En el PC se enciende la luz del msn, hoy -día sonoro- no hay ruido en los parlantes, una chateada rápida que allá y acá toca dormir.

11 pm, me quedo dormido, me voy al cuarto, enciendo el ventilador y cierro la ventana y justo antes de tirarme a la cama escucho los tres últimos sonidos del día: el vigilante de la cuadra haciendo su ronda habitual con el pito de toda la vida con el  que mantiene alejado a los malandros de la cuadra y viceversa, el sonido ralajante, simple y sin carisma de la brisa entrando por todas las ventanas y el cric cric cric de las ranitas que extrañamente llegan hasta lo alto de mi apartamento.

Los ruidos que se escuchan en la cotidianidad nos marcan las pautas de lo que hacemos; sentirlos, vivirlos pero sobre todo disfrutarlos nos puede hacer experimentar extrañas y llamativas impresiones.

Es que casi siempre oímos pero muy pocas veces escuchamos.

ZzZzZzzZZaping…

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La televisión en Colombia es un pegante simbólico, en ella nos encontramos para vernos e imaginarnos*, al menos eso dice Omar Rincón -gran crítico pero sobre todo gran teórico de la TV colombiana-  y yo estoy de acuerdo.

Hace dos meses no veo TV, apenas esta semana me traje mi viejo televisor a mi apartamento y sólo hasta el sábado me conectan el cable; es decir, estos días me toca sobrevivir con Canal Caracol, Canal RCN, Telecaribe, el Canal del Ccongreso y Canal UNO (por cierto ¿qué le pasó al Canal A y su león característico?). Nada de Fox, HBO, Sony, Warner y así sucesivamente…

Preparo comida, bebida, desconecto celulares,  me tiro en el sofá… veamos que tan fuerte es ese pegante del que nos habla Rincón.

ZzZzZzzZZaping…

Me reciben en el Canal UNO con un “Yo José Gabriel”, por Dios, ese tipo sigue presentando el mismo programa de hace 10 años, el mismo formato, el mismo set Letterman wannabe pero sin taza. Entrevista a un pelmazo llamado Jota Pineda -no se pierdan su web – con ínfulas de estrella porque hace Stand Up Comedy, los de la Paramount si que hacen stand up comedy, este es un pendejo que juega con chistes de doble sentido con los sonidos y excrementos del cuerpo y que usa como material propio “pensaba durante la pausa comercial”  bromas y chistes me ha llegado una y otra vez como FWD tipo “porqué a las viejas les gusta que le dediquen la reina“. Loser.

ZzZzZzzZZaping…

En Caracol, en la novela de turno, de la que les debo el nombre, dos amigas hablan de su próxima cita una le dice a la otra “disfrútelo mamita” a lo que la otra responde “no te preocupes que me encargaré de hacerlo” mientras de fondo se escucha la típica melodía de saxofón que los códigos audiovisuales de toda la vida nos han remarcado como significante de “huy acá se viene sexo del Continue reading

Vía (¿o frente?) 40…

Erda loco, yo cogí al man del cuello, le pegue una que cule de trompa y el man se fue de culo. Se iba a levantar dizque a sacar la pistola, pero yo le dije que me matara, que se metiera a loco pa’ que viera. y eso que mis pelaos habían sacado el bate, es que yo siempre llevo un bate de aluminio ahí detrás por si cualquier vaina porque Rentería me hubiera quedado pendejo.

La típica conversación que necesita uno al mediodía para reposar el almuerzo, venía por todo la circunvalar después del almuerzo con la gente de Jamar y me tocó el infaltable taxista parlanchín.

– ¿Aja pero que fue lo que hizo que le pegaras al man? – Le pregunté, ya resignado a tener que aguantar sus historias, mitad mentira y mitad realidad.

Nombe loco es que ahí por la 72 con vía 40 había una alcantarilla destapada y botando esa agua de mierda, eche y yo le dije al man que le bajara a la velocidad y pasa ese desgraciao en bola de mierda y me coge y me pringa todo a mi y al pasajero. Cogí yo y me le pegue detrás y a dos cuadras me los alcance y lo cerré, me bajo, le pego un botinazo a la puerta y lo bajo de una sola trompa.

Es mediodía, justo me monté en uno de los pocos taxis sin aire, hace calor, pero el entusiasmo con el que cuenta su anécdota me hace prestarle atención.

– Aja ¿y que pasó después?- le pregunto, sin tener de otra.

Ombe el man tuvieron que quitármelo, yo me lo quería comer vivo es que creen que por son del IMPEC (una fuerza policial) pueden hacer hasta pa’ vender y eso no es así compadre. Yo no me dejo echar vainas de nadie ni como de pistolitas, nojoda buen monte que lleve yo, fusil al hombro.

El tipo sigue echando sus historias, al ver mi interés se emociona y me empieza  a contar otra.

– ¿Ves este diente que me falta?, me lo saco un policía –
Me dice mientras me muestra una boca rota, llena de dientes negros que hace que se me revuelva el estomago.

Esta nueva historia no se porque se ve seguramente más ficticia que la anterior, en esta el se va comiendo un mango, pasa un policía a su lado y se cae y la termina cogiendo con el, le dice dos palabrotas y este se baja y le pega una trompada a lo que el policía le responde pegándole con el casco, pero casualmente su hijo es policía y llega al llamado del otro policía y “lo que sea con mi papa es conmigo.”

Me gusta la gente que sabe contar historias.  Mejor si se las cree de tanto repetirlas.

– ¿Aja y en donde fue que combatió ud.? – le pregunto con curiosidad después de la tercera vez que hace enfasis en que el no le tiene a la muerte porque ya se la ha tropezado varias veces.

¿Yo?, en los montes de María, en varias partes más pero eso eran otras épocas cuando estaba en las FARC.

Vaya.

La vía 40 es una vía muy larga y muy sola, el almuerzo ya no me está cayendo tan bien,  yo estoy muy desadaptado a estas realidades, sean ficticias o sean reales… como la vida misma.

Habitantes de Babel en Videoweb09 (teaser)

El fin de semana del 21 y 22 de febrero mientras yo me las ingeniaba en plena vía 40 para festejar de nuevo en curramba los carnavales en Bilbao, España del otro lado del charco un grupo de más de 90 videocreadores se reunían para conversar, compartir y debatir sobre el futuro del video en la web en el Evento Videoweb 09.

Pese a no poder estar de cuerpo presente me dieron espacio como a todos los demás miembros del grupo videoweb para presentar alguno de mis proyectos de video por intenet y como Armadillo TV es poco lo que tiene de nuevo decidí enviar una presentación mejorada de Habitantes de Babel.

A decir verdad, es un proyecto al que le tengo mucha fe, mejor dicho más que fe son ganas, son historias que quiero contar y que no quiero dejar en el cajón de los videos sin editar. Son historias con cara de handycam pero con cuerpo de HD, historias de soñadores, historias que NECESITO contar.

De BCN me traje 5 historias, una, la de Giselle ya está al aire, las otras 4 (Erika y Oscar de Colombia, Queca de Italia y Juan de Argentina) ya me las contaron sus protagonistas y ahora tengo que contarlas yo, están pendientes de editar pero todo este ajetreo del cambio de status, de país, mejor dicho de vida, me tiene con poco tiempo para editar.

Aun así para los que no lo hayan visto, ESTO es Habitantes de Babel.

Visita http://habitantesdebabel.com

[blip.tv http://blip.tv/play/ga9E8MY1AA]

Vodka con naranja…

La bolsa era vieja, de estas que ya llevan un buen trajín sobre ellas. Sobresalía una botella de vodka barato y jugo de naranja. Tenía barba de varios días, caminar cojo y un tic en los ojos que le hacía más repelente.

– Míralo, mira como el macho paloma hace el baile de aparejamiento- Dijo molesto al aire mientras imitaba con su cuerpo los extraños movimientos del ave.

Es lo que tiene la rutina diaria, no es que los locos de Barcelona me busquen. Yo los busco a ellos.

Cada año se duplica el número de palomas que se cagarán en tu moto, en tu bici, en tu coche o, maldita sea la hora, en ti mismo– Grita con desesperación, mirando al cielo como esperando una plaga bíblica consecuente con la navidad que borre de un plumazo todas las palomas que inundan la plaza.

Ese aumento puede ser molesto pero supongo debe ser la evolución natural de la especie-  le refuto yo, de puro entrometido y siendo consecuente con mi extraño interés por hablar con los locos o desequilibrados que me suelo encontrar por las calles día si y día también y que supongo viene de la necesidad de reafirmarme como cuerdo.

–  De evolución nada, el 99% de las aves se aparean una vez al año, sólo estás, las ratas del aire, son las que les da por tocar los huevos y aparecer en manada- Dice con aire de suficiencia y estudiados movimientos de profesor mientras empina un largo trago del vodka de marca desconocida.

El semáforo sigue en rojo, me ofrece un trago, le miro a la cara y caigo en cuenta en su acento extranjero, seguramente atrás hay una historia por contar. Su mano alargada con el trago espera mi aprobación.

El semáforo se pone en verde. Camino adelante.

– Gracias no bebo- Le digo para zafarmelo y sigo caminando derecho mientras una paloma se caga en mi cabeza.

Ya iban varios días que no me tropezaba a BarceloCa.

¿Volver? (2/3)

Y sigo escuchando lo que me cuentan aquellos amigos que por una u otra razón aparcaron la búsqueda del sueño europeo y volvieron a trabajar en sus países.

Sus escritos me muestran un ambiente y unas sensaciones, sus descripciones me hacen notar que volver no es tan fácil como parece ni tan difícil que no se pueda, para bien y para mal el ser humano es un animal de costumbres.

Cata es de Bogota, Mariam de Caracas, las dos fueron mis compañeras de piso en la época de Madrid, las dos se devolvieron y las dos tienen algo que contar.

Ana Catalina Baldrich, Periodista, Colombia
Cuando el país es un punto

Regrese a mi Colombia hace un par de años, sin querer para ser sincera ya que España y en especial Madrid me llenaron de vida, de ideas, vivencias y de todo lo que se necesita para sentirte en casa. Sin embargo, por razones que no vienen al caso volví a ella y en ella vivo intentando a diario no extrañar el país del otro lado del océano.

El temor primero del regreso se resumía en trabajo ya que todos sabemos que no es fácil vivir de lo que te gusta en un país en donde la mayoría de los medios pertenecen a unos pocos. Pero la suerte me acompaño así como la experiencia de España que a pesar de la distancia me persigue.

Hoy trabajo para una agencia de noticias española y desde acá no pierdo el contacto con la paella y las tapas, disfruto de la bandeja paisa y el arroz con pollo pero con el gusto del sabor castellano a diario.

Soy feliz aunque extraño, y si extraño es porque cuando puedes vivir fuera de tu burbuja te das cuenta de que tu país no es mas que un punto en un inmenso globo, un punto pequeño que te da las bases para ser quien eres pero que te anima a descubrir los demás puntos. Mi gran país inmenso y rico es solo es un punto y por eso ahora fijo la mente en el resto del mundo que falta por descubrir, una parada en mi propio punto para tomar fuerzas y luego continuar en el viaje preparado para los que amamos la patria pero queremos dejar las fronteras para asumir que nuestra nacionalidad son tres colores que se ven mejor cuando se mezclan con el azul y el verde del globo entero.

Yeimi Ramirez Avila, Venezuela, Periodista

Caminar de eso se trata esta historia. Andar por vez primera, paso a paso si se quiere o al ritmo de las ganas mezcladas con el desconcierto, pero andar. Un largo trayecto lleno de esperas, rostros que se dibujan a lo lejos. Entre éstos se reconoce la imagen de la impaciencia. Valijas que parecieran transitar torpemente entre colores y cargas. Movimiento sí mucho movimiento y al final la palabra esperada Bienvenido pero a qué, a dónde y hasta cuándo. Interrogante esta última que aparece justo en el momento en el que los tiempos deberían importar poco o nada.

Cuentas, no las distancias sino las horas que te separan de ese que piensas es tu lugar. El mismo que dejaste atrás y esperas encontrar cuando la idea del retorno apremie.

Volver, regresar, reencontrar serán las inevitables víctimas de la transformación, de las ganas permanentes, de las dudas, e incluso del riesgo que puede llevarte a la convicción.
Un paso adelante y otro más haciendo espacio entre olores de añoranza, entre el sabor de la sorpresa y la sensación de recobrar aquello que sólo la distancia se lleva.

Transitas, sí transitas como un observador permanente ávido de experiencias que compensen esos primeros días en los que crees que no perteneces a nada y que aquello que consideras es tuyo se quedó unas cuantas horas de vuelo atrás, pero transitas.
De pronto y sin ser un proceso conciente comienzas a pertenecer. Tu rostro se vuelve conocido y tus sentidos ya no libran una batalla de fuerza, por el contrario se acomodan y se establecen. Las leyes de la adaptación se apoderan y más que sobrevivir, vives, convives, descubres, experimentas, conoces y reconoces que puedes tener un lugar incluso a más de 9 horas de tus memorias.

Comienzas el día sin costumbres, llega la tarde sin hábitos y la extraña noche se acomoda por aquello de las diferencias horarias que cambian tu biología interna y te diseñan un nuevo esquema. Pronto te haces cómplice del cambio, comienzas a notar que tu experiencia no es única, se multiplica entre muchos que dieron el paso de caminar en una nueva historia.

Te identificas y te agrupas. Los días se te hacen más personales, propios, entre las abundantes diferencias con las que no puedes hacer algo distinto a crecer. Terminas dejándote seducir por esa abrumadora y encantadora avalancha de experiencias. Te vuelves otro, ¿mejor? sólo otro. Uno que aprendió a lidiar con las diferencias y se creció en ellas. Uno que sabe que esta marcha se trata de aprendizaje. Uno decidido absorber hasta el último acento que te enriquezca.

A la par de todo este devenir de historias el tiempo ha seguido su curso aquí cercano y allá de donde a diario recibes cartas, bendiciones, llamadas de larga distancia que te mueven los recuerdos para que no olvides de dónde viniste. Lugar en el que dejaste una puerta abierta y detrás de la que habrá en todo momento la posibilidad de tocar de cerca tus memorias y regodearte entre el tiempo que te hizo crecer.

Vuelves siendo otro ¿mejor? insisto sólo otro.

Contando historias…

Un par me mandaron  a la mierda, una grito “auxilio policía”, como cuatro me dijeron en diversos idiomas que no hablaban español y una señora muy mayor y muy simpática me dedicó el guiño de ojos más espectacular nunca visto.

¿Porqué tanto alboroto?, si la pregunta era de lo más simple: ¿tienes alguna historia para contarme?

Ubiquémonos. Soy hiperactivo, inquieto,  fugaz, desordenado y nada loco aunque algunas veces lo parezca y otras lo quiera parecer; además tengo filias, fobias y muchas mañas, una de ellas, la que viene a cuento, ponerme retos semanales.

A veces son tonterías tipo terminar tal libro, cambiar de ubicación tal cosa o editar aquel video grabado hace mil años; en otras ocasiones se me da por autocomplicarme la existencia y me propongo contar granos de arena, encestar 12 balones seguidos o aprender a deletrear esternocleidomastoideo en sirio, danes y alemán.

Esta semana me propuse oír historias desconocidas o más bien historias de desconocidos pero no de manera furtiva parando oído por las calles sino hablando directamente con los protagonistas. Breves espacios temporales compartidos resumidos en5 líneas.

Shadya, creo que se escribe asi, no alcancé a comprender todo lo que me decía pues su español era nulo, su inglés un poco mejor y su francés perfecto. Lastima que je ne parle pas frances. Aun así me pude enterar que vive en BCN hace sólo 15 días, que vino a estudiar un master en literatura y arte dramático y que Barcelona le parece una ciudad bonita pero muy llena de turistas. Estará en la ciudad un año supuestamente, pero cree que igual se regresará pronto a la pequeña Orleans donde vive con su novia y su suegra a las cuales extraña muchisimo. Al final, después de decirme tantas cosas tan personales me sentí hasta mal por la manera como conseguí su “historia”: “hola trabajo para un periódico local tienes alguna historia para contarme”

Joseph, su nombre me hizo pensar que era catalán pero no, era italiano y de bien lejos: Salerno. Estaba en el mismo asiento del metro y aunque el acercamiento fue distinto “hola estoy haciendo una tesis sobre los habitantes de Barcelona tienes alguna….” su reacción fue opuesta. Me interrogó el a mi, que qué hacía, que para qué lo hacía, etc.  y hasta que no le dije que simplemente quiero conocer a la gente para conocerme mejor a mi mismo no soltó prenda. Pero su carácter de filosofo pudo más que su recelo, me habló de sus estudios en teología, en lo que cree y en lo que no en mil historias que ya me iban haciendo pasar de mi estación. Ahhh, no vive en Barcelona está de paseo visitando a sus primos que viven borrachos por acá hace unos 4 meses.

Marianella, me sonó a nombre de novela y se lo dije, se río estrepitosamente y dejo ver toda su sangre latina, bueno casi latina, mexicana de padres holándeses no podía ser una mejor muestra de la combinación: cabellera negra ondulada, piel morena con pecas y unos brillantes ojos verdes de sonrisa amplia. Me dijo que no ha visto nunca una novela pero que le hacen muchas bromas por su nombre lo cual no le disgusta pues como buena publicista que es “lo que importa es que hablen bien o mal pero que hablen” le dije que según para que, esa no era una buena estrategia de vida y se río de nuevo estrepitosamente logrando que el resto del bar en donde compartiamos barra se volteara a verla. “¿Me decías, carnal?” me respondió con aires de suficiencia. Le iba a pedir su correo pero preferí dejarla perder por las largas calles de BCN.

Antonio, el colombiano que nunca puede faltar, es que si dicen que en España levantas una piedra y salen dos colombianos pues en esa banca de la plaza eramos nosotros. Paisa pero de los raros no me solto ni un parce ni un chimbada ni nada, me habló en un correctísimo español intercalado con frases como de puta madre o tio, vi que no soy el único integrado. Lleva 9 años en España, ha recogido fruta en el sur, vendido aspiradoras en la capital, pintado casas en las canarias y ahora, por fin, es abogado en Barcelona, de extranjería, me aclara, por si necesito algún documento o vuelta en que me pueda ayudar. Tenía que sacar ese espíritu de negocios por algún lado.

Antonia, no, no es la esposa del anterior, nacieron a 10 mil km de distancia geográfica y a veinte años de distancia temporal. Catalana de padres andaluces, charnega que les llaman por acá, todos sus 69 años los ha vivido en Barcelona, “aparte de esos 5 años que viví en Hospitallet” ¿pero si Hospitallet está en BCN? le repunto, “eso es ahora antes no” me responde como diciendo me vas tu a decir a donde vivo yo chavalin. Tiene 4 hijos y 3 nietos, quiere que su hija quede embarazada pronto pues ya los otros están muy mayores y no le dicen yaya con el mismo cariño de antes. Le duelen los tobillos desde aquella vez que se tropezó con el sofa del menjador, la invito a que se siente un momento que las palomas no se van a morir de hambre pero es terca y sigue tirando maiz a la multitud de enardecidas. Le digo que gracias por compartir conmigo fragmentos de su vida, que haré buen uso de ellos aunque sepa que es mentira. Me mira con una gran sonrisa de oreja a oreja me hace un guiño de ojos, espectacular, juvenil , matador y me dice: “gracias a ti por escucharme, cada día es más dificil encontrar quien lo haga”.

Offside
Algunos dicen que la literatura consiste en mentir bien la realidad pues a veces yo hago al revés.

No pido física cuántica, pero…

Hoy la vi, iba caminando al frente mio por todo el pasillo, se apoyó justo a mi lado mientras esperabamos la llegada del metro y se sentó al frente, o yo me senté frente a ella, nimiedades que terminando dando un poco igual.

La miraba de reojo, era perfecta, mi mujer ideal, alta, un cabello hermoso, unos ojos para perderse en ellos y claro, como no,  un cuerpo de infarto, en resumidas cuentas estaba buenísima.

La mire una y otra vez, no sería fácil buscarle tema pero algo me podría inventar, le sonó el teléfono. Contestó y empezó a hablar en catalán, con un tono bastante pijo (= hipermegapplay, puppy) , ya eso me quitó un poco los ánimos, pero bueno podía no ser mi mujer ideal pero seguía estando buena.

Colgó el teléfono, metió la mano en su bolso y sacó un libro. Ahh lee, pensé,  podrá mantener una conversación inteligente, requisito fundamental, volvió a ganar puntos. Alzó lentamente el libro, lo abrió y ahí se rompió todo, CRASH, a la mierda mujer soñada, ideal y mil pendejadas. Leía una novela romántica titulada “enamorada de un canalla”; santas lagartijas. No pido que lea física cuántica ni avanzados tratados filosóficos pero ¡¡¡ENAMORADA DE UN CANALLA…¡¡¡

Tocará seguir esperando. O no.

Offside
Hoy energía suprema, positivismo y cierto aire renovado, será aquel regalo que llego directo desde Bocas.