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sofá en la calle, urbano, Barranquilla

Jungla urbana

Tiene como 45 años, unas pocas canas y cuerpo débil. Va moviendo lentamente, empuja y puja, empuja y puja, un paso a la vez. Es una lavadora, de esas viejas pero efectivas, la que lleva en la carretilla,  se ve que pesa más que un matrimonio a la fuerza y que ha tenido mejores épocas. El letrero, enorme, “se alquilan lavadoras  a domicilio” no hace sino sacarme una gran risa, se me viene a la cabeza eso de que la ropa sucia se lava siempre en casa.

Vengo subiendo del centro al norte de la ciudad en un taxi, paso por barrios desconocidos y calles extrañas. La mirada desde la seguridad del asiento trasero y el aire acondicionado siempre ayudan. No es tarde, aunque ya va cayendo el sol. Es viernes para más señas, día de frías van frías vienen, día de polvos anónimos, de risas fingidas y de quitada de mascaras.

En una esquina las veo, una tiene como 19 y la otra como 25  años, saben lo que tienen para ofrecer, sonríen como estúpidas y parece que no saben hacer más nada. Un tipo con pinta de Pedro Navajas (matón de esquina) las presenta a otros tipos con pinta de Juanito Alimaña (con mucha maña), sonrisas y tetas se mueven al unísono, esa noche habrá salsa, salsa, salsa…

El taxista intenta buscar conversación, siempre suelo hablar con los taxistas, tienen muy buenas historias y no cobran por contarlas, pero hoy no me provoca, vengo ensimismado haciendo varios planes y quiero que la mente esté en lo que debe estar.

En eso un grito de lado a lado me saca de mis pensamientos:

–    Margarita, ¿fuiste el domingo a misa? – Le dice una señora, 50 años bien puestos, camioneta modelo 2010 y cara de pocos amigos a otra señora en el carro a mi lado.

–    No, no pude ir, me enredé y al final no fui. Igual no me provocó mucho, el padre miguel se está volviendo como loco, no hace sino rezar y rezar. – Le responde la otra.

Quedo en un sanduche de gritos y religión, de charlas que no me interesan…

El trayecto es largo y yo ahí mirando, observando, ya saqué una hoja y empecé  a anotar, como siempre, ya no dejo nada al azar ni confío en mi cabeza, escribo todo, TODO.

En la puerta hay un niño, un pelao, mejor, tendrá como 13 o 14 años, grita, se supone que canta, algún tipo de música de la cual no logro interpretar el ritmo en la distancia, miro el contexto, una zapatería de esas pobres, pobrecitas, a las  que se le ve que no hubo mejores épocas pero que está extrañamente adornada con un enorme letrero lumínico, como de bar de putas, que dice “OPEN”.

Nos acercamos al norte, la tarde cae y el sol se esconde, yo tengo algunas ideas más claras y otras que nada tienen que ver anotadas en un pedazo de papel, son estas líneas claro está.

Por la 46 con alguna carrera que ahora no recuerdo, cuatro mariachis ajustan sus instrumentos, recuerden, es viernes por la tarde, noche de serenatas y llantos de amor, de cantos y dedicatorias, hay chavela, chavela, chavela…

Siempre he sido hiperactivo y acelerado y eso, quieras o no, te impide muchas veces observar el paisaje. Últimamente camino, me desplazo, observo, recorro y pienso, lento, muy lento por las jungla urbana de Curramba, ando en otro viaje, mejor dicho en otros viajes.

 

Un día cualquiera…

Luces, cámara, acción, vuelve la burra al trigo… un nuevo día acaba de comenzar.

Es una de esas mañanas cualquieras, en una calle cualquiera, en Barranquilla, Colombia, Suramérica, la tierra, el sistema solar.

Pasa el del periódico y grita El Heraldo, El Heraldo, mientras chifla de una manera particular, el abanico no para de moverse mientras por la ventana entra la famosa brisa decembrina y en la radio se oye aquí suenaaaaa… En la cocina suena una licuadora, en la sala se cae una foto que dice “all you need is…” que adorna la pared como una especie de homenaje a 12 mil km y en el último cuarto, algo, alguien, ronca, profundo mientras sueña, decide, sopesa, si se queda con la rubia o con la morena.

En el 3er piso se oye un grito, la puerta no deja ver si es resultado de un polvo mañanero o de una tristeza cotidiana. El portero saluda, se despide con gran deferencia, ¿será real o fingido su no solicitado servilismo? Ni manera de saberlo. La calle es una selva de cemento, la ciudad nos vuelve salvajes.

El taxista se ríe en cada semáforo, los chistes están a flor de piel y escuchar la radio local tan plena de humor barato y popular lo hace menos complicado aun.

Empieza la vida real y la virtual al mismo tiempo. Desconectas la alarma, te sientas frente al computador y empiezas a digitar: informes, correos, frases de 140 caracteres, saludos, despedidas, ideas, proyectos, clases, el día se convierte en una espiral de letras y palabras que de una forma u otra nos hacen quienes somos.

El día pasa en una mezcla de afanes y lentitudes, te encuentras egos y te tropiezas grandezas, se estrellan ideales y se joden necios sin criterio, no es la idea, todo debe fluir, la vida no es complicada los complicados somos los seres humanos.

Se acaba el día, caminar por las calles nocturnas de una ciudad cualquiera, de un país cualquiera, con unos grillos cualquiera a nuestro lado suele ser una experiencia simple, cercana y sin ningún color ni sabor, es unir pasos hasta llegar de vuelta y vuelta, aterrizas, alunizas en tu luna, en tu satélite personal y ahí termina todo.

Hacemos tantas cosas iguales cada día, tantas rutinas repetidas que al final un dia cualquiera se parece a otro día cualquiera, sin importar forma ni fondo sin importar nada de nada. Afortunadamente cambiar cualquier mínimo detalle de esta narración diaria es contar una nueva historia y es lo que trato de hacer cada día.

Es simple, es mínimo, es lo que ocurre un día cualquiera, en una mente cualquiera, de una persona cualquiera…

(Documental) A la calle 10

Este es el Corto Documental realizado sobre Dalfred Cantillo y Cristina Atehortua los lideres del grupo cultural de danza y teatro Son Candela gestado en la Calle 10 de Puerto Colombia, Atlántico del cual hace un tiempo les había mostrado el trailer.

Con Son Candela Dalfred y Cristina han logrado, a través del arte, de la danza y el teatro, lograr un cambio social en una comunidad en riesgo de exclusión y con una historia de malestar social generado por antiguos indices de criminalidad y expendio de drogas dentro de sus calles.

En la actualidad el barrio es un mejor lugar para vivir y sus habitantes han logrado potenciar distintas habilidades gracias al apoyo de estos heroés anónimos que sin esperar nada a cambio han logrado lo que no han hecho otros actores de la sociedad.

Este documental fue realizado con el apoyo del Canal Universitario Uni5 TV y el CPA de la Universidad del Norte, bajo la Dirección de Alejandro Angel y Manuel Betancourt y el apoyo técnico y logístico de Lincoln Acevedo y Andrés Arias.

Una historia hecha con las uñas como el mismo proceso que retrata, una historia que no se quería dejar de contar.

“A la calle 10” está participando en el concurso “Heroes de Barrio” de la UPB en Medellín y estuvo como finalista en la Selección Oficial del Festival Nacional de Cine y Video Comunitario organizado en Cali a principios del mes de octubre 09 y además se presentó en el Festival Proyector en Bogotá a finales de octubre 09.

Agradecemos todos sus comentarios y críticas sobre el resultado final, seguimos buscando historias de este tipo para contar.

morrocoyo

La 21

El único lugar del mundo en el que me puedo sentar en la puerta de la casa en un mecedor de mimbre a ver pasar gente sin que sienta que estoy perdiendo el tiempo es en la 21, mi calle en Santa Marta, La Samaria, la Perla del Caribe, tierra de encantos y placeres, de ruido y de caos, de luz y color, de calor y lluvia, de tiempos lentos y afanes cotidianos.

Pasan vecinos que saludan con una mano levantada, pasa Pocalucha con tremendo guayabo  o Borinque con su caminar cansino, como pidiendo permiso a cada pie para dar el siguiente paso, pasa un vendedor de pasteles y chichas, otro de frutas y verduras, pasa pata e’ cumbia gritando coco de agua coco de agua y La Wilson mueve sus cadera con caminar coqueto y pose femenina, como si el movimiento de caderas lo volviera más mujer, como olvidando que el de arriba lo mando como hombre aunque en el camino se cambiara de carril. Me parece raro no escuchar a “fuera de mi, fuera de mi” pero seguro estará descansando de su última degustación de cañazo.

Cuento siete carros mal parqueados, un carro e’ mula lleno de carga, tres puestos de ventas de minutos a celular, una peluquería, dos puestos de jugos, un puesto de perros calientes, tres tiendas, una en cada esquina, dos de ellas denominadas “la última lagrima” pues su cercanía con el Cementerio San Miguel  las ha convertido en el espacio donde los dolientes recuerdan, al son de una cerveza bien fría, lo tan buenas personas que eran  los que acaban de enterrar.

Pasa una morena de culo grande, dos negritas vendedoras de alegría con cuerpos marcados, una señora a la que no le pasan los años sólo la luz y una amiga de años atrás que desde que se casó mando su belleza pal’ carajo. La mezcla de exóticos colores permite en una simple sentada darle un baile matutino al ojo, un baile justo y necesario… un baile sin acción ni reacción.

La 21 ya no es la misma calle en la que yo me crie, no sé exactamente cuál de todos los cambios no me permite sentirla ya del todo como “mi calle”, no sé si es todo el comercio que se ha generado a su alrededor, no sé si es la falta de niños jugando al fusilao, la lleva o un simple partido de futbol, no sé si es que ya somos pocos los vecinos originales, de toda la vida, que quedamos en la cuadra, no sé si no hay una razón específica y es simplemente una cuestión de desarraigo, de distancia temporal, mental y geográfica.

El tiempo en la 21 pasa lento, como en slow motion, como si no quisiera avanzar, como si se suspendiera su avance, como si se congelara, como si no se quisiera seguir contando la historia.

Sigo meciéndome, llega un amigo, saluda y se sienta en el bordillo a mi lado, empieza a echar sus cuentos y me dice “compadre sea lo que sea la 21 es la 21 y acá no se gana pero se goza” mientras suelta una enorme carcajada que no entiendo bien a qué se debe pero que se me pega como se pega la camisa al cuerpo por el calor excesivo.

Da igual, con su caos y sus ruidos, sus defectos y virtudes, su amanecer y sus colores, su lluvia y su calor, con todo… como me gusta la 21, como me gusta Santa Marta, como me gusta mi Perla…

Taller audiovisual infantil “una mirada al mundo creativo”

con los niños del taller

taller audiovisual en gamarra

El fin de semana pasado estuve en Gamarra y Puerto Capulco dos calientes  municipios del departamento del Cesar dictando unos talleres audiovisuales intensivos a los niños del proyecto “Una mirada al mundo creativo” liderado por la profesora Leidys Quiñones, apoyado por la Alcaldía de Gamarra  y el cual vengo asesorando hace un par de meses.

Es curioso pero aunque muchos todavía no tienen claro cuando están grabando y cuando no, ni la diferencia entre un plano americano y un primer plano o que pueden lograr a través de un producto audiovisual todo el tiempo se peleaban por agarrar la cámara y poder retratar -al menos por un rato- su humilde realidad desde otra óptica, un poco menos cruda quizás, un poco más cercana así fuera a consta del zoom.

taller audiovisual en gamarra

Muchos me dicen que soy un loco por las cámaras o por hacer uso de ellas, pero mientras haya pequeños loquitos como estos seguiré siendo el loco que les lleva los medios para que aprendan a usarlas. Trataré de mostrar un video del proceso cuanto antes.

Todas las fotos en el flickr de “una mirada al mundo creativo”

Exposición itinerante “para lustrar la memoria” De Jaime Garzón

sonrisa

che garzon

No me iré al extremo de decir que Jaime Garzón era para mi un ídolo, ni aquella persona que algunos quieren exaltar como mártir. Aun así me parece que era una persona inteligente, mordaz, necesaria, con muchas cosas por decir y que, sobre todo, no merecía morir tan a destiempo.

En la edición de este año del Festival Internacional de Cuenteros  “El Caribe Cuenta”, que se viene desarrollando desde  el pasado 29 de agosto hasta el 6 de septiembre en Barranquilla y municipios aledaños, han decidido homenajear a este talentoso humorista en el décimo aniversario de su muerte.

Por esta razón Heriberto de la Calle uno de sus más conocidos personajes hace parte de la imagen general del evento y además organizaron una exposición itinerante de cajas de embolar intervenidas por 16 artistas plásticos de la región caribe.

in memorian

escena del crimen de garzon

el rostro

La muestra se ha ido rotando por diversos espacios de la ciudad y el turno hoy miércoles 2 de septiembre fue para la Universidad del Norte y su plazoleta central. Hasta ahí me fui a observar las variadas intervenciones que hicieron los artistas.

Unas miradas curiosas, llamativas, bien logradas, tristes y en algunos casos inexplicables e incomprensibles (afortunadamente el arte no siempre tiene que entenderse) que logran homenajear a un gran hombre y un gran artista.

embolar sangre  rostro garzon rostro garzon 2 mensaje garzon el recuerdo que yo tengo caos embolar

Cotidianidad

Cotidianidad, que palabra tan repetida últimamente.

Que se puede hacer, los espacios recorridos piden -cada vez más- ser retratados.

Tropezar con personajes, ideas, objetos y conceptos cada día y dejarlos que mueran en el aire sin dejarlos plasmados en alguna parte se me hace egoísta, no con nadie, conmigo mismo, habrá algún momento en el que quiera mirar atrás a mis viejos días y saber cómo era, qué pasaba, qué me encontraba.

Los buses de una ciudad siempre son espacios narrativos, digan lo que digan, en ellos se viven y se perciben historias de vida, fragmentos de desaires, llamadas a deshoras, intrigas, pesares, sonrisas, amores y desamores, peleas, reconciliaciones, gritos.

Voy mirando por la ventana, me gusta que la brisa me pegue en la frente y pensar en el aire, la mente en blanco visualizando los espacios por los que voy pasando.

Un grito de voz ronca me saca de mi ensimismamiento.

– Que es la vaina nojoda- Grita un jardinero o algo parecido desde el anden.
– Eche que, te vas a poner pesado, era mamando gallo- le responde su compañero de faena.

Los dos están arreglando el césped o algo por el estilo en un parqueadero cerca de la 93, el agresor le lanza un poco de hierba al agredido, al que parece no gustarle esta simple broma.

– Te voy a clavar la mano como sigas hecho el huevon
– grita ofendido.
– Ñerda, cule pesao hey. No se te puede es hacer nada- le responde en tono jocoso su compañero.

Desde el bus sale la frase típica, indispensable.

– El que parte papaya menta mamá.

El bus estalla en risas, la pregunta que me hago es porque yo no me río ¿es por tanto escuchar esa broma cliché? o ¿es mi mismo ensimismamiento? o ¿qué carajos es?.

El Urbaplaya sigue su marcha. En la mitad de la cancha de basket de la imitación de parque de Villa Santos hay un personaje de esos difícil de describir: pantaloneta de varios colores, aretes o algo que se le parece en las orejas, una gorra de campaña política y un balón imaginario con el que lanza cestas de una cancha a la otra.

No alcanzo a imaginar que puede haber en esa mente para estar lanzando balones de aire, balones imaginarios a las 2 de la tarde con un sol que quema las neuronas, pero algo me dice que hay más de un cable zafado, a ese le falto más de un hervor, diría una amiga mía.

Me bajo del bus, voy a entrar a la universidad y un tipo con traje y corbata, totalmente fuera de lugar en el canicular sol de la tarde currambera, habla por su celular.

– Sólo te voy a agradecer una cosa, a esa vieja hay que pegarle un buen susto para que sea seria y se organice. Nada del otro mundo pero tiene que saber quien es el que manda.

La frase fuera de contexto me da mucho para pensar, miro al tipo de reojo y sigo caminando.

Definitivamente, lo dicho, el habito no hace al monje.

Dulce cotidianidad

Maryluz, Petrona o Maria, su nombre puede ser cualquiera de esos, no se cual, quien sabe, de pronto se llama Marcela, Laura o Susana o algún nombre con más pedigree. Lleva un arrume de periódicos, lo pasea sobre su cabeza y grita fuerte, con energía “el heraldo, el heraldo” se mueve con cadencia y los periódicos se mantienen en su cabeza sin perder el equilibrio, al parecer ella estaba predestinada para gritar “alegría, cocada, caballito” pero la única alegría que ha vivido es tener un trabajo que le permite dar de comer a los 3 hijos y al marido buenavida que la esperan con hambre en casa.

Los muñecos son feos, “el” tiene camiseta del Junior de Barranquilla, tan oportuna hoy, “ella” camiseta sin marcas, pelo morado y falda que muestra todos sus encantos. El que los maneja los mueve con destreza, tira de cada madera con precisión y hace que uno y otro bailen al ritmo que el les toca. Bailan una puya, un merengue y un joropo, bailan reggeton, vallenato y salsa, bailan como enamorados inocentes y como amantes desenfrenados. Son marionetas, la vida se las da un bacán, gafas negras, colita de caballo y labia prodigiosa. ¿porqué no darle una moneda?.

El día sigue, ella se monta al bus como la reina, una reina sin tesoros ni tierras, su bolso, el teléfono que lleva en la mano, su estudiado maquillaje, sus tetas operadas, su todo marca presencia. Todos la miran, ella quiere que la miren. Camina hasta el fondo del bus y se sienta mostrando pierna, planeando cada movimiento, cada pierna pidiendo permiso a la otra. Que habrá en su cabeza, qué pensará del tipo que el viernes le agarrará todo por unas vueltas en un carro último modelo y unos cuantos billetes de veinte mil pesos.

La noche cae, el recoge cartones, su organización es extrema, el carro de balineras en que los traslada se percibe más pesado que sus propios pesares, lo empuja con paciencia, nadie lo espera, se tropieza con un hueco y se sale la “rueda”, mira al cielo, yo, en la otra acera, espero que suelte una maldición, un par de asteriscos, signos de interrogación, varias letras del abecedario repetidas y demás maricadas que usa uno cuando quiere decir otra cosa políticamente poco correcta, como si el supiera lo que es eso; pero no, simplemente suspira, parece sonreír… Es cierto, cuando el pobre lava llueve.

La cotidianidad sabe a perfume barato y a mierda fina, a pequeñas alegrías y grandes tristezas, a lucha y tranquilidad, a lejos y cerca, a dulce simplicidad y salada complicación.

Sigo caminando y me sigue sonando en la cabeza…

Si te preguntan como se sube decile que muchos se han perdido para ir al cielo creo que no hay camino, nosotros dos iremos en una nube…

5 sentidos: Oído

No es tan temprano, son las 7 am, suena un despertador, un vals todo extraño que tienen los teléfonos Motorola y que es el más decente que he encontrado para despertar sin sobresalto. Afuera se escuchan carros que  pasan y un voceador que grita El Heraldo, El Heraldo para hoy martes.

La ducha emite su sonido característico, toca un baño concienzudo que quite impurezas y limpie ideas, suena el spray del desodorante, una correa se cae al suelo, el abanico no para de lanzar aire mientras suena lentamente, un pájaro se posa en la ventana e intenta emitir un sonido, débil, muy débil.

Entro a la cocina, la lavadora emite un extraño pitido que todavía no he logrado desactivar, lavo dos platos de la noche anterior, me gusta el sonido del agua al correr sobre la loza. Un minuto de cocción y suena el microondas, tropiezo un vaso, crash, crash, suena al romperse.

Suena el citófono, me buscan, las llaves suenan clink clink, la reja al cerrarse hace un estruendo, se oye el grito de la bebé de mi vecina, en otro apartamento se oye un regaño, pelao del carajo levántate, bajo corriendo, no sea y me regañen a mi.

En el taxi la conversación es la de siempre, que más, que hay de vainas, nada la misma vuelta de siempre. El aire acondicionado ayuda a empezar bien el día, en la radio suena Jorge Cura, mejor, alguno de los comediantes que siempre lleva a su programa, el chófer se ríe, yo me río con el, el día empieza con sonido de risas.

Entro a mi oficina, suena la alarma, bip bip bip bip, combinación correcta, hace un gran estruendo al desactivarse. Enciendo el aire acondicionado de mi oficina y el de el resto del canal, brrruuummmm arrancan los dos. Me siento en la silla, suena, necesita aceite. Enciendo el PC, marco clave, bip bip bip bip, clave correcta, somos una sociedad de claves correctas pienso, miro la pantalla, abro el correo, 6 mensajes, una alarma, abro la intranet de la universidad cero mensajes, abro el resto de webs de revisión diaria, cada una hace un ruido distinto. Me acerco a la sala de emisión del canal, enciendo los televisores, los monitores y la consola de mezclas, cada uno con un sonido característico, cada uno con ganas de contar, prendo el dvd y en el la torta de esta semana me reclama que le suba al sonido. Dejo todo en stand by a la espera que los ayudantes se encarguen de lanzar todo al aire.

¿Qué más profe?, se oye la primera voz, ¿le puedo contar algo?, dime, suena un celular, regáleme un minuto profe, ya vuelvo, ok. Es la primera de muchas entradas y salidas a lo largo del día. Suena el teléfono. ¿Con pedrito de los palotes?. No, oficina equivocada. Empezamos bien.

Mañana intensa, mucho trabajo, preparar clase, redactar un par de propuestas, el teclado suena y suena, como imitar el sonido de unas teclas, clic clic clic clic. Tres interrupciones más y opto por cerrar la puerta de mi oficina de puertas abiertas.

Mediodia. A casa a almorzar, mismo sonido de microondas, la licuadora procesa un gran jugo de lulo, el vaso suena al contacto con el hielo. Comida rapida, tenedores sonando.

Camino por la calle de vuelta a la universidad, un hombre “maneja” su carro’e mula, arre, arre, le grita y me acuerdo del caballo chovengo de la canción, arre, arre, vuelve y grita y el animal, terco, suspicaz,  se queda quieto, como burlándose de su dueño.

Viene un taxi Dacia, de esos largos, se queda varado a media calle, hace un estruendo aterrador, a ese motor le falta poco para salir en átomos volando, pasa un moto taxista y le grita: échale guineoooo.

En el bus rumbo a la universidad el cántico es el de siempre, uno le vale 200 y tres le valen 500 para su mayor economía. los huecos hacen que cada brinco suene todo el chasis. Yo cierro los ojos y espero llegar pronto, al menos llegar.

Retomo labores, pa’ clase, durante 3 horas no oigo ningún otro ruido sino mi voz, convencido, ya quisiera yo, los alumnos hablan una y otra vez, a veces por mis preguntas, a veces por jodidos que son,  a veces porque si, a veces porque no. Suena la película, hoy es F for Fake de Orson Welles. Siguiente parada, rally videografico por la universidad, la clase es distinta, fuera del salón, así que los ruidos que escucho, además de las preguntas de los alumnos, son los característicos de la cotidianidad de la Uninorte, gente, mucha gente, pasos, vasos en el CAI, gente que entra y sale, puertas que se cierran y se abren, gritos, muchos gritos, alguno pasa corriendo y casi me tropieza.

Fin de la jornada, camino por las calles, pasa el carro de la basura a mi lado armando un gran estruendo llego a casa, subo escaleras, clink clink suenan las llaves. Abro la puerta, el portero me dice que vinieron los de la luz, a bonita hora pienso yo y subo pausadamente los cuatro pisos que me separan del ruido final. Prendo luces, enciendo la TV, una película empieza, caliento algo de comida y me dispongo a escuchar, a sentir lo que tienen que contarme. En el PC se enciende la luz del msn, hoy -día sonoro- no hay ruido en los parlantes, una chateada rápida que allá y acá toca dormir.

11 pm, me quedo dormido, me voy al cuarto, enciendo el ventilador y cierro la ventana y justo antes de tirarme a la cama escucho los tres últimos sonidos del día: el vigilante de la cuadra haciendo su ronda habitual con el pito de toda la vida con el  que mantiene alejado a los malandros de la cuadra y viceversa, el sonido ralajante, simple y sin carisma de la brisa entrando por todas las ventanas y el cric cric cric de las ranitas que extrañamente llegan hasta lo alto de mi apartamento.

Los ruidos que se escuchan en la cotidianidad nos marcan las pautas de lo que hacemos; sentirlos, vivirlos pero sobre todo disfrutarlos nos puede hacer experimentar extrañas y llamativas impresiones.

Es que casi siempre oímos pero muy pocas veces escuchamos.