Cada año…

Cada año que pasa entiendo menos y trato de divertirme más. Cada año que pasa disfruto mucho más seguir alerta, en reinvención constante, en esa búsqueda constante de entrar y salir de la zona de tranquilidad.

Cada año que pasa pierdo más el miedo a mis propios miedos, a tropezarme, a cantar, reír, bailar, desconocer y observar sin parar…

¿Qué es estar vivo?  esa ha sido la pregunta  constante de mi último año, ¿la respuesta? preguntarme cada día qué tan enorme es el mundo en el que estoy, responderme y aun así seguir queriendo más y más retos…

Este fue, póngale la firma, el año de lograr entender que a veces es necesario perder la cabeza para recobrar el juicio, aunque -afortunadamente- nunca se recobre por completo.

Por eso -robando la idea a Eduardo Galeano- confirmé que si los científicos dicen que estamos hechos de átomos, yo les digo que, que va,  estamos hechos es de puras historias, historias vivas, orgánicas, intensas, llenas de energía…

Este año empecé a escribir varias historias y caminos nuevos en mi vida, historias que  me motivan, historias que me hacen sonreír cada día, que me mantienen con la imaginación puesta en el futuro pero con la cabeza atada al presente más cercano, al ahora, al “Vamos pa’ esa”… (Gracias Martina, Gracias Yeli).

Este año he empezado a entender que en las motivaciones y en la historia personal de lo que contamos es donde surge nuestra película.

No tengo ninguna duda, todas nuestras grandes narraciones son travesías cargadas de obstáculos a superar y de grandes caminos a recorrer…

Ya son 32 y yo me siento más vivo que nunca…

Es que cuando ya has saltado ¿Quien te puede parar?

 

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